28 DE DICIEMBRE DE 1895: PRIMERA PROYECCIÓN DEL CINE EN LA HISTORIA
Aunque durante largos meses la pandemia afectó la manera en que nos relacionamos con el cine, el paulatino retorno a la normalidad nos permite entender que la rutina de acudir a una sala a ver una película sigue siendo tan común para todos como cualquier otra actividad que completa nuestros días.
Sin embargo, nada en esta sencilla actividad sería lo que es hoy sin uno de los hitos más importantes en la historia del cine: la primera proyección pública y comercial de una película. Un hecho que ocurrió el 28 de diciembre, pero del año 1895.
Han pasado más de 120 años desde entonces y muchas cosas han cambiado. No solo la calidad de las historias, de la producción, de la imagen o del sonido mismo, son totalmente diferentes a las imágenes que entonces observó el puñado de espectadores que acudieron al evento.
La iniciativa de los hermanos Auguste y Louis Lumiére se llevó a cabo en un pequeño café de París luego de varias proyecciones experimentales realizadas ante científicos a lo largo del año 1895. A pesar del escepticismo de los propios hermanos, la proyección marcó el inicio de una historia que se sigue escribiendo para la dicha de los millones de espectadores y amantes del cine en todo el mundo.
La pantalla instalada en un pequeño sótano del Grand Café de París sirvió para la proyección de una serie de cortos de aproximadamente un minuto de duración, todos realizados por los hermanos, que lograron impresionar a los poco más de 30 espectadores que acudieron a la sesión con más dudas que certezas y que terminaron fascinados al ver cómo las imágenes, antes estáticas, ahora cobraban vida. Tal fue el impacto que no tardó en correrse la voz y, a partir de entonces, se volvieron comunes las largas filas de personas esperando su turno para poder ingresar y ser parte de la experiencia.
La historia a partir de allí siguió su curso. Un año después, esta primera exhibición, ya respaldada por el éxito inesperado (para los propios Lumiére) también causó la creación del primer cartel promocional del cine con una pieza gráfica creada para anunciar la exhibición de los cortos que hacían parte de la presentación.
Diseñado por Henri Brispot, el afiche fue noticia en los últimos años ya que uno de los tres ejemplares originales que aún se conservan fue subastado por la casa Sotheby’s. Un cartel que, a diferencia de los que hacen parte del cine de nuestros días, no se observan imágenes de las películas exhibidas, sino que ilustra a espectadores dentro de la sala de proyección del Cinématographe Lumiere.
Como se ha mencionado muchas cosas han cambiado desde entonces en el cine. Las salas no suelen proyectar filmes cortos y la fascinación del espectador hoy recae en otros elementos; los afiches y carteles nos muestran un poco más de la trama de las historias que se proyectan en la ‘pantalla grande’ y hacer una fila para ingresar a ver una nueva producción es parte de la rutina.
Y sin embargo, cada vez que nos sentamos frente al inmenso lienzo blanco que empieza a iluminarse con imágenes en movimiento, podemos evocar la emoción y la fascinación de aquellos 35 primeros espectadores que una tarde de diciembre de 1895 hicieron parte de la historia.