Hacer cine en Colombia puede decirse que es un reto. La industria en el país ha estado marcada históricamente por limitaciones, dificultades y bajo consumo de cine; más aún si hablamos de hacer cine siendo mujer en este contexto. Históricamente ha sido común, ver más directores hombres o ver cómo las mujeres fuimos etiquetadas muchas veces como mejores productoras, porque “sabemos administrar”.
En marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer, en la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano queremos resaltar el trabajo de las mujeres en la industria audiovisual: las pioneras, las gestoras, directoras, directoras de fotografía, sonidistas, directoras de arte y productoras que, si bien no siempre son muy visibilizadas, han hecho posible el camino en esta industria e incluso han abierto paso e inspirado a otras mujeres que también han aportado su visión en años más recientes.
Es preciso traer a colación el libro Con su mirada: Cuatro mujeres pioneras del cine en Colombia, escrito por Tatiana Duplat Ayala y publicado por la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano en 2025, que, más que un ejercicio de memoria, constituye un acto de justicia histórica que busca mostrar, con base en los procesos de restauración adelantados por la entidad, la huella audiovisual de estas mujeres en la historia y visibilizar sus obras hoy en formato digital.
En medio de la labor de la Fundación por rescatar y restaurar material fílmico, han salido a la luz mujeres que realizaron un trabajo fundamental durante la primera mitad del siglo XX. Además de ser pocas, en comparación con la de los hombres en la industria, los archivos por su naturaleza técnica y las condiciones de la época, dificulta precisar la labor de otras mujeres de las que quizá hoy no exista información suficiente. Por ello, Patrimonio se ha encargado de preservar y custodiar cada registro realizado por mujeres que han sido invisibilizadas por la historia.
Entre ellas se encuentran Kathleen Romoli, pionera del cine documental en Colombia; Felisa Ochoa, fundadora de la productora Colombia National Films, una de las más prolíficas del cine colombiano en el siglo XX; Inés Rendón, quien protagonizó Nido de cóndores (1926), película que hoy se considera perdida; y Lily Álvarez, cofundadora de la productora Patria Films.
El trabajo de estas cuatro pioneras nos revela hoy una rebeldía casi impensable para su época. Duplat menciona que “en Colombia, la filmación y la producción ejecutiva cinematográfica fueron actividades ejercidas exclusivamente por hombres durante la primera mitad del siglo XX. Estos eran oficios masculinizados” (p. 18). Más adelante agrega que “a las mujeres no se les dejaba crear ni dirigir; su perspectiva no era valorada” (p. 19).
Lo excepcional de su labor radica en poner sobre la mesa que en Colombia sí hubo cine hecho por mujeres desde los inicios más tempranos de la historia cinematográfica del país, aunque por décadas haya sido subestimado o relegado del relato oficial. Conservar la memoria fílmica de estas mujeres pioneras —y de muchas otras— es también conservar su forma de ver el mundo.
Y ni hablar de Cine-Mujer, un colectivo de mujeres fundado en 1978 que quiso explorar narrativas alrededor de una sola cosa: habitar siendo mujer. Su móvil era contar historias de mujeres en su cotidianidad, la maternidad, las desigualdades, utilizando así, al cine como herramienta social y política. Así, estas mujeres, entre las que se encuentran nombres como Sara Bright, Eulalia Carrizosa, Dora Cecilia ramirez, Clara Riascos y Patricia Restrepo, fungen como pioneras en el cine feminista en Colombia, poniendo en la pantalla, miradas que casi no tenian espacio en el cine oficial.
A partir de esto, vale la pena rescatar nombres que marcaron la transición entre las pioneras y las miradas más contemporáneas como el de Gabriela Samper, filósofa, cineasta y directora de teatro, que, con obras como El Páramo de Cumanday (1965) y El Hombre de la Sal (1969), sentó precedentes en el cine de ficción y documental; y Marta Rodríguez, con un cine sociopolítico que transformó la industria. Se destacó con documentales como Chircales (1972), Amor, mujeres y flores (1988) y su más reciente trabajo, Camilo Torres Restrepo, el amor eficaz (2022).
En una carta-ponencia de 1984, Rodríguez afirma: “He intentado un cine más universal. Pienso que mi obra cinematográfica, co-realizada siempre con Jorge Silva, realizador y fotógrafo, es esencialmente una propuesta metodológica para un cine que, desde las ciencias sociales, y en particular la antropología cultural, asuma la realidad colombiana de una manera artística y creadora, en la perspectiva de la educación popular y la reflexión crítica”. Su labor convierte el cine en una herramienta de transformación social y la ha consolidado como un referente fundamental para quienes buscan retratar y, al mismo tiempo, denunciar las desigualdades sociales en Colombia.
En años posteriores resalta el trabajo de Camila Loboguerrero, quien incursionó en el largometraje de ficción con la película Maria Cano (1990). Trabajó incansablemente para que hoy sean más las mujeres dirigiendo en la pantalla grande, construyendo narrativas propias y rompiendo brechas de género. La periodista Daniela Díaz menciona en el artículo “Camila Loboguerrero: el sueño de un cine nuestro”, publicado en Gaceta, que en la década de los ochenta “salvo por Marta Rodríguez, que se dedicaba al documental, Camila era una de las pocas mujeres dirigiendo cintas en una industria machista y apenas en desarrollo. Siguiendo los preceptos de su admirada Virginia Woolf, Camila construyó un set propio. Fue una de las primeras mujeres en rodar filmes de ficción en Colombia, un camino en contra de la corriente” (2025).
Además, Camila no solo luchó por representar nuevas miradas en la pantalla grande, sino que también trabajó por el mejoramiento de las condiciones laborales en la industria. Acompañó la construcción de la Ley 814 de 2003, conocida como la Ley del Cine, que marcó un antes y un después en la realización audiovisual en el país y que hoy permite que cada vez más voces lleven sus relatos a la pantalla gracias al apoyo del Estado.
Sin embargo, aún falta mucho. Si bien el trabajo de estas maravillosas mujeres —y de muchas otras que no alcanzamos a mencionar— ha sentado precedentes para que nombres como Libia Stella Gómez, Patricia Ayala Ruiz, Natalia Santa, Laura Mora o Cristina Gallego hayan triunfado nacional e internacionalmente. Hoy, el camino continúa abriéndose, que el trabajo de estas mujeres no solo se quede en la memoria, sino que sirva para fortalecer la industria, cuidar las condiciones de trabajo, y garantizar que cada vez las mujeres puedan crear y contribuir al país a través de su arte. Desde la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, seguiremos preservando, restaurando y movilizando estos archivos para que encuentren nuevos públicos.
Bibliografía:
Duplat Ayala, T. (2024). Con su mirada: Cuatro mujeres pioneras del cine en Colombia. Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano. https://patrimoniofilmico.org.co/con-su-mirada/
Rodríguez, M. (1984, 8 de abril). Carta-ponencia de Marta Rodríguez a la mesa sobre realizaciones de la mujer en el cine colombiano. En M. Rodríguez y J. Silva, La Ciudad Silenciada. Instituto Distrital de Patrimonio Cultural. https://idpc.gov.co/publicaciones/descargas/silenciada2.pdf
Revista Gaceta. (2025, 3 de julio). Camila Loboguerrero: el sueño de un cine nuestro. https://gaceta.co/contenidos/camila-loboguerrero/