En el marco de la celebración de los 40 años de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, institución dedicada a la preservación de los procesos, las tecnologías y los formatos audiovisuales, hoy queremos detenernos en dos aniversarios que coinciden con esta conmemoración: los 70 años de la imagen en cinta magnética de video y los 50 años del formato VHS.
El punto de partida está en una feria comercial. En 1956, durante la convención de la National Association of Radio and Television Broadcasters (NAB), la empresa Ampex presentó el primer videotape recorder (VTR) de la historia. El equipo contaba con cuatro cabezales y utilizaba una cinta de dos pulgadas (5 cm) de ancho, fabricada por 3M. Nacía así el Quádruplex, el primer formato de imagen electrónica profesional (broadcast), que comenzó a comercializarse en 1958, y en Colombia se introdujo a comienzo de la década del sesenta del siglo XX.
Hasta ese momento, la televisión se emitía en vivo y no existía la posibilidad de conservar sus contenidos, salvo aquellos que se registraban en soporte fílmico. El Quádruplex resolvió un problema muy concreto: las tres horas de diferencia horaria entre Nueva York y la costa oeste de Estados Unidos. Gracias a este sistema era posible grabar los programas a medida que llegaban las señales, por las líneas de transmisión, para emitirlos posteriormente.
La solución a ese problema tecnológico, tuvo una consecuencia mucho más trascendental: por primera vez la imagen electrónica podía conservarse en cintas magnéticas almacenadas en carretes (open reel, ya utilizadas para la grabación de sonido). Aquellas primeras grabaciones eran únicamente en blanco y negro, aunque posteriormente los equipos incorporaron la electrónica necesaria para adaptarse a las transmisiones en color.
Con el video también llegaron los estándares de emisión que dominarían la televisión analógica durante las siguientes cuatro décadas: NTSC, PAL SECAM, 525 líneas a 30 cuadros por segundo y 625 líneas a 25 cuadros por segundo, definidos según la frecuencia de la corriente eléctrica de cada región. Estos sistemas determinaron la forma en que el mundo sería visto a través de la pantalla. En Europa y sus áreas de influencia se adoptó la frecuencia de 50 Hz; en Estados Unidos, Japón y gran parte de Latinoamérica, la de 60 Hz.
Veinte años después de aquella presentación, la compañía japonesa JVC lanzó el VHS (Video Home System) y, con él, una idea revolucionaria: que cualquier familia pudiera grabar y conservar sus propios recuerdos en cinta magnética e video, de media pulgada. Más adelante llegarían el VHS-C, en 1982, y el S-VHS, en 1987.
El VHS nunca pretendió ser el formato técnicamente más avanzado de su época. Ya el Betamax presentado un año antes ofrecía calidades de imagen superiores. Aunque su calidad mejoró con cada evolución, nunca alcanzó los estándares profesionales del video. Ese salto llegaría con el S-VHS, antecedido por el MI y MII, que incluso habrían podido convertirse en el formato dominante para el trabajo periodístico si los formatos digitales no hubieran irrumpido pocos años después.
A finales de los años ochenta también apareció el LaserDisc, un sistema que ofrecía una calidad de imagen y sonido superior. Sin embargo, su alto costo, el precio de los reproductores y la imposibilidad de grabar sobre los discos hicieron que nunca desplazara al VHS como formato doméstico.
Esa era, precisamente, su mayor fortaleza. El VHS podía comprarse, prestarse, alquilarse, rayarse y regrabarse. En Colombia, como en muchos otros países, toda una generación aprendió a ver cine en una cinta de media pulgada. Allí quedaron registrados los programas grabados de la televisión, las películas alquiladas en el videoclub, el matrimonio de los padres, el primer cumpleaños de un hijo o la celebración de unos quince años.
Por primera vez en la historia, el archivo audiovisual dejó de ser un asunto exclusivo de las instituciones para convertirse también en patrimonio de las familias (sólo antes, algunos pocos, habían podido filmar en cine 8mm y súper 8mm). Buena parte de la memoria íntima del país permanece hoy almacenada en cintas que descansan olvidadas en miles de hogares colombianos.
También conviene preguntarse qué es exactamente aquello que estamos preservando. La cinta del VHS y del S-VHS mide 12,65 mm de ancho (media pulgada) y está compuesta por partículas de óxido de hierro depositadas sobre una base plástica de poliéster (Mylar), protegida dentro de un casete. Sus duraciones habituales son de dos horas en modo SP y cuatro horas en modo EP, con una velocidad de reproducción de 23,39 mm por segundo. Se trata de un formato analógico y portátil que fue utilizado tanto en el ámbito doméstico como en la producción semiprofesional y educativa.
Contrario a lo que suele creerse, el VHS ha demostrado ser un formato relativamente estable para la conservación. Sin embargo, su estructura puede sufrir daños severos cuando no se almacena en condiciones adecuadas de temperatura y humedad. También es vulnerable a la aparición de hongos y a la contaminación bacteriana.
Las condiciones ideales de conservación se encuentran entre 4,5 y 12 °C (aceptables hasta 15,5 °C), con una humedad relativa de entre 30 % y 50 %. Los casetes deben almacenarse en posición vertical para evitar deformaciones, dentro de cajas rígidas de polietileno, polipropileno o poliéster, ubicadas sobre estanterías metálicas libres de ácido y con pintura epóxica, en espacios limpios y libres de polvo. Deben evitarse las cajas fabricadas con PVC o acetato, así como los muebles de madera.
Existe además una recomendación sencilla que cualquier persona puede aplicar en casa: nunca dejar la cinta dentro del reproductor. Lo ideal es guardarla siempre rebobinada y protegida dentro de su caja.
Están, además, los daños propios de los soportes magnéticos. Entre ellos se encuentra el denominado sticky shed syndrome, un proceso de deterioro que afecta el aglutinante de la cinta y dificulta su reproducción. A esto se suman las pérdidas de calidad asociadas a los modos de grabación extendida, que permitían registrar más horas de contenido a costa de una menor resolución. Hoy, al digitalizar esas grabaciones, es frecuente encontrar imágenes degradadas y altos niveles de ruido electrónico.
Sin embargo, la mayor dificultad ya no está en las cintas, sino en las máquinas. Los reproductores en buen estado son cada vez más escasos; hace años dejaron de fabricarse y el número de técnicos capaces de calibrarlos y repararlos disminuye constantemente. Durante la evolución de la imagen electrónica surgieron decenas de formatos vinculados a marcas específicas, todos con características técnicas particulares que, con el paso del tiempo, fueron quedando obsoletos.
En materia de conservación resulta indispensable recuperar simultáneamente tres elementos: los soportes, los equipos de reproducción y los conocimientos técnicos asociados a ellos. Sin cualquiera de estos tres componentes, una parte importante de la memoria audiovisual corre el riesgo de perderse de forma irreversible.
Por esa razón, durante nuestra participación en el Bogotá Audiovisual Market (BAM), decidimos poner este servicio al alcance del público y ofrecer la digitalización gratuita de hasta treinta minutos de cintas VHS para los asistentes. Más que una demostración técnica, fue una oportunidad para acercar a las personas a una de las labores permanentes que desarrolla la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano.
La digitalización de materiales audiovisuales hace parte de los servicios permanentes que presta la Fundación para formatos cinematográficos y de video. A ello se suman los procesos de rescate y preservación de archivos, la investigación, el licenciamiento de títulos y las visitas guiadas a nuestras instalaciones, mediante las cuales compartimos con el público el trabajo que durante cuatro décadas hemos desarrollado para salvaguardar el patrimonio audiovisual del país. Feliz celebración en estos setenta años de la imagen electrónica que transformo nuestra forma de ver el mundo.