El año 2025 marca un hito para la historia cultural de Colombia: cuatro largometrajes de 1925 cumplen cien años y, gracias a la labor de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, se renuevan las preguntas sobre su fuerza  y permanencia de la memoria audiovisual. Como los muertos, Conquistadores de almas, Suerte y azar y Manizales City no son solamente títulos de un repertorio perdido en el tiempo; son fragmentos de un país que buscaba, a través de la imagen en movimiento, retratar sus tensiones, anhelos y sensibilidades.

Hablar de estas películas es hablar también de ausencias. La mayor parte de su material fílmico no sobrevivió a la erosión de los años, al desinterés inicial por su preservación o a las dificultades técnicas de la época. Hoy apenas se conservan minutos de algunos de ellos , fotografías, recortes de prensa y algunos testimonios. Sin embargo, esas huellas bastan para iluminar la grandeza de un esfuerzo pionero que apostó por construir una industria cinematográfica nacional en tiempos adversos.

Como los muertos

Dirigida por Pedro Moreno Garzón y Vicenzo Di Doménico, esta obra silente abordó un tema que pocas veces el cine colombiano volvería a tocar con semejante crudeza: la lepra y sus efectos devastadores, tanto físicos como sociales. Su argumento —centrado en el deterioro emocional de un hombre enfermo y en la ruina moral de su relación conyugal— muestra un drama humano profundamente ligado a los prejuicios de su época.
De esta película sobreviven apenas ocho minutos en soporte de 35 mm, los cuales están siendo objeto de restauración digital en 2025. Cada fotograma recuperado es un triunfo contra el olvido, una forma de rescatar no solo una historia trágica, sino también la mirada estética de sus realizadores, marcada por el contraste de luces y sombras propios del expresionismo temprano.

Conquistadores de almas

Considerada por la revista Cromos en 1925 como la “cinta de mejor factura de la industria nacional”, esta producción vuelve a situar a Moreno Garzón en el centro de la escena. Basada en la obra teatral de Ramón Rosales, su adaptación al cine fue recibida con entusiasmo por su calidad técnica, atribuida en gran parte a la dirección fotográfica de Vicenzo Di Doménico.
Hoy no se conserva la película completa: apenas algunas fotografías y reseñas periodísticas permiten intuir su impacto. La censura, que retiró la obra de las pantallas poco después de su estreno, contribuyó a su desaparición. La memoria de Conquistadores de almas es, entonces, la de un fantasma que aún nos habla de las tensiones entre creación artística, moral pública y poder institucional.

Suerte y azar

Con dirección de Camilo Cantanazzi y producción de la Colombia Film Company, esta cinta abordó un drama sentimental costumbrista que, según la prensa de la época, retrataba la superficialidad de una sociedad obsesionada con las apariencias. Aunque de ella no queda registro fílmico conocido, sí sobreviven notas de prensa que permiten comprender su recepción. La crítica del Diario del Comercio de 1926 subrayaba que, aunque no tuviera “color local”, sí retrataba con honestidad los sacrificios y las vanidades de la vida moderna.
Lo que hoy persiste de Suerte y azar es menos un conjunto de imágenes y más una memoria discursiva: palabras impresas que registraron su paso fugaz por la cartelera.

Manizales City

Está obra cinematográfica con motivo del aniversario número 75 de la fundación de Manizales, en marzo de 1925. La película registró las fiestas y desfiles del carnaval conmemorativo, capturando la alegría de una ciudad en plena celebración. Sin embargo, la historia tomó un rumbo inesperado: el 3 de julio del mismo año, un devastador incendio consumió gran parte de su centro histórico.
Los productores decidieron entonces añadir a la película escenas de las ruinas, ofreciendo un contraste dramático entre la vitalidad festiva y la desolación posterior. Manizales City se convirtió así en un testimonio único del poder del cine como cronista de lo efímero, capaz de conservar tanto la memoria del júbilo como la del desastre.

Restaurar la memoria, devolver la voz al silencio

La restauración de fragmentos, el hallazgo de reseñas y la preservación de fotografías no son simples ejercicios técnicos: son actos de resistencia contra el olvido. El cine colombiano de los años veinte —silente y pionero— constituye un patrimonio cultural invaluable. Aunque  parte de esta memoria se perdió, lo que queda tiene la fuerza de un testimonio que exige cuidado y transmisión.

La Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, al dedicar sus esfuerzos a rescatar obras como Como los muertos y conservar registros como los de Manizales City, cumple una tarea fundamental: tender un puente entre las generaciones que filmaron y aquellas que, un siglo después, siguen observando con asombro sus territorios. Cada fragmento restaurado no es solo una imagen recuperada, es la posibilidad de dialogar con nuestros orígenes audiovisuales, de reconocernos en los aciertos y las limitaciones de quienes soñaron con hacer cine en Colombia, cuando el país apenas comenzaba a imaginarse en movimiento.

En este centenario, estas cuatro películas nos recuerdan que la memoria no es un archivo inmóvil, sino un proceso vivo de reencuentro. Restaurar es volver a mirar, devolver la voz al silencio, pintar  y permitir que las historias de ayer nos sigan hablando hoy con la misma intensidad con que fueron concebidas hace cien años.